lunes, 9 de febrero de 2009

No sé cuantas veces tengo que dibujarlo

No sé cuantas veces tengo que dibujarlo. ¿Cien? ¿doscientas?¿tres mil? Cuesta, cuesta y cuesta. Nunca sale igual. Una pequeña variación en la nariz o la barbilla le cambia la expresión y el personaje ya no es el mismo. Por otro lado es como si empezara a estar ya en mi cabeza y lo erróneo es la manera en la que lo dibujo. Como si cada vez que lo dibujo estuviera intentando retratar de memoria a alguien que recuerdo.
Por más que lo intento estructurar, cualquier pequeña variación lo cambia y es cuando me libero y no lo estructuro cuando más se parece a la imagen de mi cabeza. Cuando el dibujo sale más fresco.